El hombre aparece en el Holoceno


El hombre aparece en el Holoceno


En el último club de novela tuvimos el placer de leer El hombre aparece en el Holoceno del autor suizo Max Fischer. Fischer es considerado como uno de los grandes autores europeos del S. XX, vivió en la posguerra codeándose con los intelectuales exiliados que llegaron a Zurich huyendo de la guerra, como es el caso de Bertolt Brecht. Temáticamente, esta novela se enmarca en su etapa final, en lasreflexiones sobre la vejez y la muerte que están presentes en sus últimas dos obras.  Como siempre, lo delicioso del club es poder compartir impresiones y alimentar la lectura. Cada lector se fija en algo distinto y compartirlo hace que el libro siga cobrando más sentido. El hombre aparece en el Holoceno es uno de esos libros que vale la pena compartir, porque, digámoslo de entrada no es un libro tremendamente fácil de leer. Aunque ojo, hay que tenerle paciencia porque la escritura realmente es deslumbrante y hay un sentido muy grande detrás de lo que parece en un principio arbitrario  La historia trata del Señor Geyser, un señor de más de setenta años que está en su casa en el valle de Ticino en Suiza y empieza a sospechar que está olvidando ciertas cosas y que el mundo a su alrededor está colapsando, algo que sin embargo no puede saber con certeza. Lo que sorprende de la lectura a primera vista son los fragmentos de recortes de periódicos, diccionarios y entradas enciclopédicas que el señor Geyser empieza a colgar en las paredes de su casa para no olvidar.

 

 

La maestría de la narración está en que el narrador, aunque narra desde la distancia en tercera persona lo que ocurre, lo hace desde el punto de vista de lo que sucede en la mente del señor Geyser. Y es la mente de un hombre lógico: toda la narración tiene un sentido lógico del que no se desprende, hay una aparente objetividad y racionalidad que se mantiene durante toda la obra. Esto causó particular impresión entre los lectores del Club porque confrontados a los últimos días de un hombre, lo que está presente en el libro es un apego al pensamiento racional pero no a las emociones, a las que nunca se hace referencia en la novela, eso hace aún más impactante lo conmovedor y triste que resulta sumergirse en la profunda soledad del protagonista. Al respecto, no pudimos sino detenernos en pensar en cómo se concibe la vejez en el mundo occidental contemporáneo, algo perfectamente naturalizado en países europeos que comienza a ser un fenómeno  también en Colombia. ancianos solos, sin familiares, enfrentados a su deterioro sin ayuda alguna. A lo largo de la mayoría de culturas de las que tenemos noticia, la vejez es fundamental en el tejido social como portadoras del saber de una comunidad; pero en nuestra actualidad en una sociedad cuya dimensión fundamental es la productividad laboral, la vejez empieza es considerada como una etapa obsoleta. Por eso esta lectura es tan impactante, porque nos enfrenta a considerar cómo está estructurada nuestra sociedad y la dolorosa soledad  del protagonista.  La magistral narración tiene el detalle de que ocurre no sólo a través de lo que se cuenta sino también a través de lo que se omite. Los olvidos se entretejen en la narración de manera perfecta. Escrito con frases cortas y contundentes, éstas se entremezclan por igual con la información objetiva de los fragmentos que el Señor Geyser recorta sobre las edades geológicas de la tierra, los dinosaurios y la historia de los primeros pobladores del Valle de Ticino.

 

 

(El valle de Ticino, donde ocurre la novela y vivió el autor, un lugar particularmente pintoresco, en la novela  se siente desolado, vacío, a punto de colapsar por las lluvias del verano. Aunque poco a poco a poco el lector comienza a sospechar que la inminente catástrofe puede estar es en la imaginación del Señor Geyser).

 

 

Y aunque es desafiante concentrarse en estos fragmentos, en últimas hay un sentido muy especial en la selección de esos apartados. No es casualidad que el Señor Geyser, sintiendo que está empezando a olvidar, busque recordar lo realmente importante, lee para no perder, pero decide no leer novelas sino el saber sobre la historia de la tierra y sobre el inicio de las especies y de los pobladores en donde él vive. En últimas, lo que el Señor Geyser no quiere perder es el conocimiento que hemos construido como humanidad sobre todo gracias a la ciencia, el conocimiento de la Naturaleza y de nosotros mismos como especie. Hay una frase que se repite ¿qué hace al humano un animal diferente de los demás? su autoconciencia, es el único animal que tiene historia. Y si el conocimiento de nosotros y lo que nos rodea es lo que nos hace humanos, el olvido del señor Geyser no lo implica a él como persona, sino en su olvido se está luchando la humanidad misma. El libro conecta de manera perfecta lo que es la historia íntima del Señor Geyser como una metáfora de la humanidad, cuyo conocimiento, aquello que nos hace creer que somos especiales, se revela como inútil. El Señor Geyser no puede recordar ni evitar la pérdida de memoria y leer los párrafos sobre las edades geológicas me causó, al menos a mí, la librera, algo de risa ante su frivolidad: datos minuciosos que están condenados al olvido. Nosotros creamos el conocimiento, pero el conocimiento se pierde y a la Naturaleza no le importa qué tanto conocemos sobre ella.

 

     Hacia el final, el Señor Geyser concluye que “ A la Naturaleza no le hacen falta nombres. Esto lo sabe el Señor Geyser, las piedras no necesitan que él se acuerde de ellas” Hay una gran sentido de futilidad que impregna toda la obra, él está condenado al olvido y el conocimiento que intenta salvaguardar precisamente nos enseña que el tiempo de las eras geológicas es un tiempo distinto al de los humanos, que la formación de continentes, la glaciación, la historia de la tierra es extensa e inmensa a comparación de la brevísima existencia del hombre, que apenas aparece en el Holoceno. 


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